El Museo de Arte Colonial de La Habana, con su privilegiada ubicación en la Plaza de la Catedral, radica en una de las edificaciones más sobresalientes del conjunto arquitectónico que rodea a esta plaza la Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad. Posee una de las más proporcionadas fachadas de la arquitectura colonial cubana, con su primitiva sencillez dada por la simétrica distribución de vanos en dos plantas, sin entresuelo, y el adecuado remate de tejas criollas. La añeja casona posee, desde 1622, una larga historia de ocupantes. Más de un siglo después, en 1726, estaba en posesión de ella su más importante propietario: el Teniente Coronel don Luis Chacón. Para 1754, se obtuvo licencia para construir un portal, pero nunca llegó a realizarse. El patio interior es cuadrado y lo rodea una sucesión de columnas toscazas de maciza presencia con arcos rebajados en la planta baja y un arquitrabe corrido en la alta. La escalera, inusual en su ubicación al fondo, también lo es en su diseño compuesto por dos ramas aisladas entre sí que ascienden en direcciones opuestas. El mayor interés de la obra reside en los elaborados diseños de sus techos de alfarjes, complementadas por la riqueza de sus colecciones de arte colonial que en ella se exhiben. A partir del siglo XVIII, se inician numerosas ventas del inmueble entre enriquecidas personalidades de la ciudad. En la segunda mitad de la próxima centuria, hasta el triunfo revolucionario de 1959, acogió el Real Colegio de Escribanos de La Habana, el importante diario «La Discusión», y la antigua firma licorera «Arechavala». Tras varios procesos de restauración, en 1969 se inaugura como museo, para así preservar un valioso patrimonio arquitectónico y perpetuar la cultura nacional. |