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Como complemento de la importante colección, se exhibieron modelos navales conservados por el Museo de la Ciudad en la casa de los oficiales del castillo, y a propuesta de los especialistas del Gabinete de Arqueología, se diseñó un recorrido arqueológico que contempló los interesantes hallazgos realizados en la fortaleza y sus alrededores. La Sala Monográfica daba la bienvenida a los visitantes con la explicación histórica de esta importante edificación y la muestra de piezas utilitarias encontradas durante las diferentes campañas arqueológicas, que permitían conectar al visitante con los antiguos moradores de La Punta. En 2005 los meteorólogos habían previsto una activa temporada ciclónica y pronosticado “la formación de al menos 13 ciclones, siete con categoría de huracán, uno de ellos de gran intensidad; [con] un 70 por ciento de probabilidades de que uno toque a Cuba, durante el semestre ciclónico iniciado el primer día de junio”.1 Teniendo en cuenta lo anterior, el Historiador de la Ciudad, doctor Eusebio Leal Spengler, indicó que se desmontaran las salas de exposición de la planta baja y que las piezas se resguardaran fuera del recinto.2 Entre el 23 y el 25 de octubre de 2005, el poderoso huracán Wilma, al trasladarse por los mares al norte de la región occidental de Cuba, produjo fuertes inundaciones costeras, y en el interior del castillo el agua alcanzó los 2 m. Las marejadas desprendieron el portón de la entrada y causaron grandes afectaciones en los revestimientos de los muros por la salinidad. Inmediatamente la Oficina del Historiador comenzó a realizar labores de restauración, que continuan en la actualidad, con la finalidad de adecuar el inmueble —como indicara el doctor Leal— para museo de sitio.3 Las piezas de la arqueología subacuática y los modelos navales retirados, pasaron a formar parte, desde el 6 de junio de 2008 y hasta la fecha, de las colecciones del Museo Castillo de La Real Fuerza.4 Para desarrollar la propuesta del museo de sitio se creó un equipo multidisciplinario de arqueólogos, historiadores, museógrafos, museólogos y diseñadores, que partieron de la importancia de los valores históricos y arqueológicos de la propia edificación y su entorno, y diseñaron recorridos temáticos que guiaran a los visitantes. Se previó que los medios usados para la museografía fueran de fácil retirada y manipulación ante un fenómeno natural.
Recorrido histórico-arqueológico alrededor del Castillo de San Salvador de La Punta
El recorrido comienza con una explicación sobre las obras de construcción iniciadas en 1590 y concluidas hacia 1593 sobre la línea de costa, directamente expuestas a los embates del mar.5 La primera evidencia arqueológica es un canal excavado en la roca, que formó parte del sistema hidráulico construido a finales del siglo XVI para traer el agua de la Zanja Real, y en cuyo interior apareciera una culebrina 6 del XVII, hoy incluida en la colección de piezas de artillería del castillo. A la izquierda, y sobre los muros del baluarte de Texeda, podemos ver la lápida que lo identifica con la siguiente inscripción: “TEXEDA”, que alude al gobernador Juan de Texeda, quien participó en el comienzo de la construcción del castillo. Encima de ella, hay otra lápida —muy erosionada—, relacionada con el gobernador Lorenzo de Cabrera (1625-1630).7 Seguidamente aparece, ya liberada por su frente marítimo de la caseta de clima construida en 2001, la batería auxiliar exterior del castillo fechada en 1898, que formó parte de las defensas del Frente Marítimo de la plaza La Habana. 8 Luego se aprecian los cañones —siglo XVIII— para amarrar la cadena que cerraba la entrada del puerto.9 Continuando el recorrido, en los lienzos del castillo, entre el baluarte de Texeda y el de San Lorenzo, se observa una bala rasa empotrada en los gruesos muros, posiblemente asociada a la toma de La Habana por los ingleses en 1762. En la mañana del 13 de agosto, la ciudad y el castillo de La Punta fueron intensamente bombardeados, como se ilustra en el grabado número 10,10 de la serie La captura de La Habana, 1762, que Dominic Serres realizara a partir de los dibujos hechos in situ por el teniente Philip Orsbridge. Al seguir la ruta el visitante topará con la cara oeste del baluarte de San Lorenzo, donde se encontró sepultada la primera escalera que tuvo el Malecón habanero, en 1901, para llegar a la línea de costa. Imágenes de esta época —con la escalera y el muro del Malecón que comienza a su lado— apoyan la evidencia. A unos pasos, las excavaciones dejaron al descubierto las canteras de las que se extrajeron bloques de piedra (sillares) utilizados en la construcción del castillo, y de los cuales quedaron algunos cortados parcialmente. Esta práctica, habitual en la colonia, y cuyas evidencias se han localizado en numerosas excavaciones en el Centro Histórico de La Habana lo mismo en casas de viviendas que en grandes obras como la Iglesia y Convento de San Francisco de Asís, permite conocer el aprovechamiento de los recursos naturales existentes en el terreno. 11 Llegando al baluarte de Antonelli se ven los restos arqueológicos del Cuartel de Ingenieros construido entre 1870 y 1875, frente al castillo, en un área entre los baluartes de Quintanilla y Antonelli. El 27 de noviembre de 1871, fueron fusilados allí ocho estudiantes de Medicina injustamente acusados de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón. En 1902 el Cuartel de Ingenieros fue demolido, pero se conservó el fragmento de muro donde fueron ejecutados los jóvenes, elemento principal del monumento conmemorativo levantado para recordar el hecho. Sobre los muros del baluarte de Antonelli, también se mantiene la lápida que lo identifica: “ANTONELLI”.
Recorrido didáctico por el interior del castillo
A la entrada de la fortaleza el visitante hallará la portada, enmarcada con sillares perfectamente cortados y una Cruz de Santiago 12 que corona su estructura. El portón actual fue incorporado durante la restauración de 1998-2002. En el interior, un grupo de paneles informará acerca de los diferentes espacios y sus usos, y de elementos propios de la arquitectura militar. El cuerpo de guardia acogía a los soldados que hacían este servicio y controlaban el acceso. Su construcción es de bóveda de piedra y cada uno de los sillares que la componen posee marca de cantero. En su piedra clave fue esculpida una pequeña roseta de cinco pétalos.13 En el antiguo aljibe 14 se mantendrá la Sala Monográfica con las piezas arqueológicas exhibidas desde 2002. Luego se conocerá sobre las funciones de la plaza de armas, el almacén de pertrechos y el alojamiento para oficiales y soldados, además de ver los antiguos pavimentos 15 localizados en la plaza y el canal construido para evitar las inundaciones en el interior, posiblemente tras el paso del huracán del 30 agosto de 1595. A los visitantes se les explicará las rampas,16 baluartes,17 garitas,18 terraplenes,19 parapetos 20 y lienzos,21 en especial el baluarte de San Lorenzo, donde con posterioridad a la construcción del castillo se edificó en su ángulo capital una casamata con dos aspilleras para el tiro de fusilería, en cuyo interior, oculta bajo un piso de cemento Pórtland, se halló una letrina colonial, que descargaba directamente al mar.
Recorrido por la colección de piezas de artillería
Con el transcurso del tiempo, fueron emplazándose piezas de artillería que respondieron a las necesidades defensivas de la ciudad. En el castillo se exhiben ejemplares procedentes de diferentes sitios de La Habana y otros de la propia fortificación, que ayudan a percibir el poder defensivo de la plaza, así como la evolución de la artillería en el período colonial. El recorrido, iniciado desde el exterior, comienza por la culebrina explicada anteriormente y continúa con tres cañones navales del siglo XVIII encontrados en el patio de la vivienda sita en San Francisco 31 y 33, El Cerro. Entre ellos sobresale el que posee la marca de propiedad a relieve, que se colocaba por la corona inglesa una vez que el cañón producido por armeros particulares había sido sometido a prueba antes de ser adquirido.22 A su lado se han ubicado cañones navales, también del XVIII, uno de ellos encontrado en el palacio de los condes de Santovenia en la Plaza de Armas, durante los trabajos arqueológicos de 1989-1991, y el otro recuperado gracias a las investigaciones de 1999 en la batería auxiliar exterior. Desde 1898 resisten los embates de los temporales y el salitre, emplazados en la batería auxiliar, los cañones Ordóñez de 15 cm., modelo 1885 con cureña de giro central delantero bajo —a fines de la década de 1880, España no disponía de recursos para la fabricación de cañones a tono con las exigencias del momento, por lo cual el entonces capitán de artillería Salvador Díaz Ordóñez proyectó en Trubia una serie de piezas que mediante un sucesivo entubado de hierro colado, reforzado con zunchos de acero, facilitaron una mejor producción a la industria militar peninsular. Terminan con las piezas en el exterior los cañones para amarrar la cadena que cerraba la entrada del puerto. En el interior de La Punta se han emplazado —desde 2002— sobre el terraplén del frente marítimo, las reproducciones de carronadas, piezas de artillería naval diseñadas en 1774 para las fuerzas terrestres y perfeccionadas más tarde por la Carron Company de Escocia. Su adaptación a la Marina, en la que tuvieron su mayor apogeo, data de 1779. El 9 de noviembre de 2000 fue hallado sobre el baluarte de San Lorenzo un cañón Barrios,23 de 28 cm., de la segunda mitad del siglo XIX, el cual, ya restaurado, puede ser visto en el mismo lugar del hallazgo. Al final de las rampas de acceso a las baterías del castillo se encuentran los molinetes, cañones del siglo XVIII enterrados para facilitar la subida de las grandes piezas artilleras y pertrechos. Sobre el baluarte de Antonelli aparecen los cañones Parrott (segunda mitad del siglo XIX) de 28,5 cm, para el servicio de mar y tierra.24 Finalmente, en la explanada se exponen los cañones de ordenanzas de a 24 lbs, fundidos en Sevilla y nombrados Sarraceno (20 de mayo de 1788) y Aparador (2 de abril de 1788). 25
Proyección cultural
Para divulgar la importancia histórico-arqueológica del castillo y sus alrededores se desarrollará un programa cultural que incluirá ciclos de conferencias relacionados con la historia del edificio y su papel en los diferentes sistemas defensivos con que se dotó a la plaza La Habana. La historia de la artillería ocupará también un lugar importante en el programa. De manera conjunta con el museo Castillo de La Real Fuerza se diseñarán talleres teórico-prácticos sobre modelismo naval, con la colaboración de prestigiosos modelistas e historiadores navales. Para el programa Rutas y Andares para Descubrir en Familia 2011 se ha planificado el andar por el Castillo de San Salvador de La Punta, y se proyecta extender estos recorridos didácticos todo el año en sábados alternos.26

Notas
1 Liset García Rodríguez (2005): “Pronostican activa temporada ciclónica”. Disponible en http://www.bohemia.cu/variado/eltiempo/bohemiauntestigo-pronostico.html (16-12-2010).
2 En marzo de 1993, después del paso de la baja extratropical conocida como “tormenta del siglo”, visitamos La Punta y pudimos observar el impacto de las fuertes inundaciones costeras ocurridas en el litoral norte habanero, lo cual nos permitió tener más elementos acerca de los peligros que entrañaba esta construcción a la orilla del mar, hecho constatado históricamente desde el 30 de agosto de 1595, cuando un violento huracán destruyó su frente marítimo. Lo anterior nos condujo a proponer un riguroso Plan de Medidas para Casos de Catástrofes y a que se previera, con mucha antelación, la evacuación inmediata de los objetos museales expuestos, así como su destino transitorio.
3 Instalación que se ubica sobre o en el entorno de un yacimiento, para conservar y exhibir los materiales arqueológicos hallados, facilitar información complementaria sobre el yacimiento y proporcionar una explicación del mismo’. (“Estudio de los lenguajes especializados en español I. Elaboración y desarrollo de vocabularios científicos y técnicos” (ESLEE).
4 Para una mayor información sobre este traslado, consultar en el sitio http://www.ohch.cu/ el artículo “Museo Castillo de La Real Fuerza a tres meses de su apertura”, de Antonio Quevedo Herrero, Ivalú Rodríguez Gil y Jorge E. Echeverría Cotelo.
5 En la restauración efectuada entre 1998 y 2002 fue un objetivo principal rescatar las verdaderas dimensiones del castillo; se removieron 30 000 m3 de material antrópico, lo que creó un falso foso donde se localizaron evidencias histórico-arqueológicas que hoy se muestran y que constituyen un importante testimonio de las transformaciones efectuadas en este sitio.
6 Se llamó culebrina a una pieza que empezó a usarse en el siglo XV y que con distintas formas, longitudes y calibres, estuvo empleándose hasta fines del XVIII. Caracterizadas por su gran longitud de ánima, estas piezas fueron las últimas de lo que pudiera llamarse el primer período de la artillería de fuego y dejaron preparado el camino para la de bronce. La aquí encontrada fue inutilizada o condenada antes de enterrarse en el canal, para lo cual le fueron cortados los muñones.
7 En 1629 el gobernador Cabrera le informa a la Corona sobre trabajos de reparación en el castillo y coloca dos lápidas en La Punta; una —hoy ilegible— encima de la del gobernador Texeda, decía: “DE AQUÍ PARA ARRIBA EL DE CABRERA”, y la otra, desaparecida, precisaba: “ESTE CASTILLO SE HIZO GOBERNANDO DON LORENZO DE CABRERA, AÑO DE 1630”.
8 Según una imagen tomada por José Gómez de la Carrera incluida en el libro Cuba: Imágenes del 98, en la que se muestra la entrada al puerto de La Habana del crucero acorazado Almirante Oquendo en la primavera de 1898, esta batería aún no había sido levantada. También se observa una plataforma frente al baluarte de Texeda —de la cual no teníamos referencia—, donde se encuentra emplazado un cañón Rodman, posiblemente el mismo que se exhibe desde 1982 en la explanada del Castillo de La Real Fuerza.
9 Esta solución data de la segunda mitad del XVI. Los que aquí se conservan ya estaban ubicados cuando la toma de La Habana por los ingleses en 1762 y se ven en el mapa ilustrativo de la obra Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna, escrita por José María de la Torre en 1857.
10 Este grabado se denomina “Vista en perspectiva del gran ataque contra la ciudad y el Castillo de La Punta en la mañana del 13 de agosto de 1762”.
11 Análisis realizado por el arqueólogo Roger Arrazcaeta Delgado.
12 Emblema de la orden religiosa y militar de Santiago, surgida en el siglo XII en el reino de León.
13 Posible representación simbólica de centro. 14 Espacio contiguo al cuerpo de guardia, que aparece señalado en los planos de Cristóbal de Roda (1604) y Andrés Balero (1627) como aljibe para almacenar agua de lluvia; se construyó a partir del nivel de piso para evitar contaminaciones por el mar. Con las mejoras en el sistema de abasto de agua a la ciudad, dejó de cumplir esta función, y se convirtió en una ampliación del cuerpo de guardia.
15 Mejoras en los servicios internos condujeron a diferentes soluciones de pavimentación. En el testigo arqueológico se observan antiguos pavimentos coloniales, uno conformado por fragmentos de tejas puestas de canto, y otro posterior, a base de cal y polvo de cerámica roja. El actual piso de lajas fue colocado durante la restauración de 1998-2002.
16 Para acceder a los niveles superiores, los caminos se hacían con pendiente que facilitaba el trasiego de las tropas, piezas de artillería y pertrechos.
17 Obra de fortificación que sobresale en el encuentro de dos cortinas o lienzos de muralla y se compone de dos caras que forman ángulo saliente, dos flancos que las unen al muro y una gola de entrada. Los cuatro baluartes del castillo se nombran San Lorenzo, Texeda, Quintanilla y Antonelli.
18 Torres pequeñas con aspilleras, que se colocan en el ángulo capital de los baluartes para abrigo y defensa de los centinelas. En el castillo, los baluartes de Quintanilla y Antonelli poseen amplias garitas. Las que hoy vemos no se indicaban en los planos más antiguos, pues responden a transformaciones posteriores.
19 Espacios superiores comprendidos entre la muralla y la contramuralla, conforman los frentes donde se emplazaba la artillería y se movía la tropa.
20 Remates de los muros de una fortificación, formados por las cañoneras y merlones alternos. Servían para el emplazamiento de las piezas de artillería y la protección de los artilleros.
21 Muros que unidos con otros conforman una fortaleza y la delimitan del área exterior.
22 Presenta las iniciales coronadas del rey Jorge.
23 Proyectados por el brigadier de Artillería de la Armada Española don Cándido Barrios, estos cañones se produjeron en la Real Fábrica de Armas de Trubia a partir de 1862. De ánima lisa y avancarga, se aplicaron al servicio de costa, destinados a batir buques acorazados, y también para la Marina.
24 Piezas proyectadas por el capitán del ejército norteamericano Robert Parker Parrott en la fundición de West Point; fueron las primeras en fabricarse en los Estados Unidos con el ánima rayada. La imagen del baluarte con estas grandes piezas es una de las más conocidas del castillo.
25 Los excesos en las medidas y los calibres de las piezas y proyectiles se solucionaron a partir del siglo XVIII con la introducción de ordenanzas de artillería.
26 Los recorridos incluirán los monumentos de la Real Cárcel de La Habana y el de los estudiantes de Medicina, los restos de los antiguos baños del Malecón, las estatuas del general Francisco de Miranda y del marino Pierre Le Moyne d’Iberville y las ocho tarjas de bronce —ubicadas en la explanada— con las plantas de las fortalezas de La Habana.
Bibliografía
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TORRE, JOSÉ MARÍA DE LA (1857): Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna, Imprenta de Spencer y Compañía, La Habana.
Por Antonio Quevedo Herrero es director del Museo de Arqueología; Ivalú Rodríguez Gil se desempeña como museóloga del propio museo, y Jorge Ernesto Echeverría Cotelo es especialista principal del Museo Castillo de La Real Fuerza.
Agradecimientos: Los autores desean agradecer su colaboración a los siguientes compañeros: teniente coronel Jesús I. Suárez, investigador de la Oficina del Historiador de las FAR; Luis A. Francés, arqueólogo del Gabinete de Arqueología (OHCH); arquitecto David Fernández y diseñadora Arlay Machado, del Departamento de Museografía de la Dirección de Patrimonio Cultural (OHCH), María Victoria Fernández, administradora del castillo, y a la editora Silvana Garriga —de Ediciones Boloña— por la edición del trabajo.
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