Se nos ha conferido el altísimo honor de pronunciar estas palabras en el acto de cumplir el Acuerdo del Consejo de Estado de la República de Cuba que, a solicitud de su presidente, confiere a la Venerable Madre Tekla Famiglietti, Abadesa General de la Orden del Santísimo Salvador y de Santa Brígida, la Orden Félix Varela de Primer Grado, lo cual es un símbolo de amor y respeto a su persona, en este año, cuando conmemoramos el sesquincentenario del óbito del insigne sacerdote, precursor del ideario patrio. Humanista, filósofo, orador sacro, pedagogo originalísimo, sencillo y afable, bueno y generoso con todos los hombres, Félix Varela supo representar a los suyos con lealtad inmaculada. A la Patria dedicó su postrer pensamiento, tras doloroso y prolongado exilio motivado por sus arraigadas convicciones independentistas, dejando trazado un camino que, si bien áspero y difícil, otros continuarían. En 1853, cuando no pocos lloraban su partida, en una casa humilde de la calle de Paula había visto la luz José Julián Martí, que recibió estos nombres en la misma pila bautismal en que, en 1788, las aguas humedecieron la frente de Varela. Nobilísimo ideal aquel que unió a ambos hombres. En prenda de ello, ante la tumba del presbítero en San Agustín de la Florida, llegó una vez para inclinar su cabeza, con emoción intensa, el que ya era saludado como Apóstol de la Independencia de Cuba. No han transcurrido muchos días desde que, al pronunciar sus palabras en homenaje al 150 Aniversario de su natalicio, nuestro presidente, Comandante en Jefe Fidel Castro, escogiese para iniciar su memorable alocución las palabras que aquél dejara escritas como lacerante testimonio del presidio, cuando apenas era un adolescente: «Dios existe sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterna...» Y afirmaba luego el compañero Fidel: «Martí es la idea del bien que él describe». Hoy es 8 de marzo y, al celebrar universalmente el Día de la Mujer, lo dedicamos a una mujer consagrada como la Madre Tekla, nacida en Sturno, Italia, donde en 1950 profesó siguiendo el llamado de la vocación y el clamor de las profecías de Santa Brígida, aquella que fue alumbrada Birgitta Persson en el año 1303, en el Reino de Suecia. Afortunada y noble, desde la temprana edad de tres años, Brígida sorprendió a todos por su deslumbrante sabiduría. Esposa y madre de numerosa prole, al enviudar en 1344, consagró su vida a los pobres y a la meditación y cerca de la Abadía de Alvastra dio los primeros testimonios públicos de sus revelaciones. Sería en Roma, la ciudad eterna, donde modelaría la Orden que lleva el nombre del Santísimo Salvador. Ella y su hija Santa Catalina de Suecia compartieron un ideal de perfección, servicio social a los desposeídos, clamando sin temor alguno porque el sacerdocio y la jerarquía de la Iglesia fueran fiel espejo del evangelio de Jesús. Tras siglos de expansión y no pocas vicisitudes, en septiembre de 1911 la Orden resurgiría, gracias a la incansable y virtuosa María Elisabetta Hesselblad, que, convertida al catolicismo, supo adaptar el antiguo carisma brigidino a los nuevos tiempos. A mamá Tekla, como la llaman los pobres en la India, en Filipinas o en cualquier rincón de la tierra, se debe su propagación a tan apartadas latitudes. Elegida Abadesa General, en 1979 llegó a Cuba ávida de conocer el país del que tanto había escuchado. A la Conferencia Episcopal de México y, muy especialmente a su Eminencia, Reverendísimo Cardenal Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara, debemos esta aproximación y tan feliz y laudatorio encuentro. De sus conversaciones con nuestro Comandante surgió el mutuo anhelo de fundar la Orden en La Habana, donde siempre han sido respetadas y amadas por el Estado las religiosas que, como ella, son testigos de fe, esperanza y caridad. Son más de 20 las órdenes religiosas femeninas o masculinas que se han asentado en la última década en la Isla. La Venerable Madre Tekla ha sido precedida por otra grande y Santa Mujer, la Madre Teresa de Calcuta, cuyas hijas también están con nosotros, allí donde es más dolorosa la herida. El Convento Brigidino se ha edificado en una casa del siglo XVIII, cedida por la nación para estos fines. Es un monumento nacional y parte del Patrimonio de la Humanidad. Al más alto fin se dedica el predio, que otrora fuera solar de los condes y marqueses de Casa Montalvo y Macuriges, hoy dotado de todo cuanto es necesario para ese apostolado. Con ocasión de conmemorarse el 25 Aniversario del Pontificado de Su Santidad Juan Pablo II y quinto de su visita apostólica a Cuba, queda abierta en su homenaje la Casa Brigidina de La Habana. En mensaje a la Reverenda Madre Tekla, el Sumo Pontífice, renovándole su particular afecto y habiendo proclamado a Santa Brígida Co-Patrona de Europa, exalta su ejemplo como «mujer de la unidad y se propone a nosotros como testigo. Su personalidad armoniosa inspira la vida de la Orden». Reciba, Madre Tekla, la Orden Félix Varela como prenda de gratitud por su amistad y amor a Cuba, cuyas puertas están y estarán siempre abiertas al mundo.
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